[Verso 1]
La confianza fue cuchillo en mi costado, confianza traicionera, veneno disfrazado,
me la clavaste en la espalda y aún la siento fría, palabra partida, línea torcida, herida repetida.
Caminé la calle con relojes que mienten, números en la libreta, cuentas que no cierran,
fumé tu nombre en humo gris, lo vomité entre versos, lo escupí en la acera.
Tú vendiste promesas por monedas de mentira, sonrisa barata —mercado de ceniza—,
me enseñaste a contar las horas con agujas rotas: tic que falla, tac que avisa.
Te llamaban amiga, yo te llamé traición, brindamos con copas llenas de desilusión,
me dejaste en la puerta con llave y sin razón, cerraste el alma y prendiste el botón.
No pido justicia, solo que entiendas el daño: la confianza no vuelve, pesa como plomo,
pusiste un cartel en mi pecho que dice “cuidado” y lo colgaste del muro como un trofeo.
Soy verbo que escupe lo que no se perdona, rima afilada que corta la corona,
si la verdad es vacuna, tú eres la herida —si la amistad es casa, tú eres la lona.
Yo aprendí a leer el silencio como arma, a convertir tus mentiras en mi karma,
porque quien miente una vez, miente con el filo en calma.
[Coro]
Verdad rota, me cerró la boca —verdad rota, no perdona.
Verdad rota, me cerró la boca —verdad rota, no perdona.
[Verso 2]
Hoy cargo fantasmas con nombres a lápiz, firmas borradas, recibos que no dicen,
las fotos son evidencia, la mirada es juicio, los relojes contabilizan mis siglos.
La lealtad se volvió papel mojado, se descascara en la palma donde antes te juré lado,
conté tus pasos en números fríos, sumé las excusas y resté el sentido dado.
Aprendí a no creer en labios que mienten con sabor a sal, a no abrazar sombras que huelen a sal,
la calle me habló: fijate en los rostros, que la verdad se esconde entre los rostros igual.
Hay culpas que pesan más que un balazo, muerte emocional en cuarto cerrado,
apagas la luz, cadenas de humo, y yo sigo vivo pero con un contrato.
No busco venganza, solo un mapa claro: cómo volver a respirar sin tu faro,
cómo dejar de contar horas rotas, cómo reconstruir lo que quedó raro.
Pero el daño queda escrito en los silencios, en las esquinas donde aprendí a medir tiempo,
y si vuelves con excusas, traeré testigos: relojes, números y el mismo viento.
[Puente / Interludio Hablado]
Escucha: la muerte no siempre lleva sangre, a veces llega en voz baja, en “ya no puedo más”.
¿Quién te dio permiso para matar lo que fue? ¿Quién te vendió la verdad empaquetada?
Yo vi tus manos firmar promesas en billetes, vi tu risa cambiar contraseña.
La culpa no es solo tuya, también la mía por abrir la puerta de la mesa.
¿Muerte emocional? Sí —esa que no suena, que no mancha, que ancla,
esa que te deja hablando solo frente al espejo y ya no reconoces la marca.
Si aprendo algo es que la realidad pesa, que las palabras son cuchillos y las intenciones, trampa.
Y cuando el reloj me pregunte por qué, le diré: por ellos, por vos, por la trama.
[Coro]
Verdad rota, me cerró la boca —verdad rota