(verso 1)
Te presentaste como el alba,
tan radiante, tan serena, tan segura,
me hablaste con palabras de consuelo
como si conocieras la ternura.
Y yo, tan roto y sin coraza,
me aferré a tu voz como a un milagro.
Nunca vi que en tu sonrisa
se escondía el filo de un letargo.
(verso 2)
Fuiste un refugio de cartón mojado,
una promesa dicha sin intención.
Y mientras yo tejía sueños contigo,
tú trazabas planes con traición.
Paula, eras la calma de un veneno,
la mentira más bien pronunciada,
un disfraz de luz en pleno invierno,
una trampa finamente elaborada.
(verso 3)
Tus manos me tocaron como amante,
pero tu alma no estuvo jamás.
Jugabas a querer solo de nombre,
mientras tu corazón dormía en paz.
¿Y sabes qué es lo que más duele?
Que aún sabiendo todo, te creí.
Te regalé mi fe y mis desvelos,
y tú… solo fingiste frente a mí.
(verso 4)
Cuántas veces me dijiste: “Eres mi todo”,
y al dar la vuelta, ya eras de otro más.
Tu amor tenía fecha de mentira,
y yo pensando que era algo real.
Pero ya no te culpo, Paula,
sólo una farsa no sabe amar.
El que se esconde tras caretas
le teme a su propia oscuridad.
(verso 5)
Hoy me siento frente a esta guitarra,
con mis dedos entumidos por llorar,
y entre las doce cuerdas de esta alma
resuena el eco de tu falsedad.
Cada traste recuerda tu nombre,
cada acorde se vuelve puñal,
pero prefiero el dolor sincero
que vivir dormido en tu vendaval.
(coro)
Paula, tú y tu teatro de ángel herido,
no podrán más con mi alma rota.
Ya no hay llanto que limpie el olvido,
i guitarra que aguante tu nota.
Sigue tú con tu espejo de humo,
jo me quedo en la dura verdad.
Tú eliges la máscara, el mundo y la farsa,
jo me quedo con mi soledad.
(verso 6)
Te gustaba que todos te vieran buena,
como un alma pura, casi celestial.
Pero tus actos hablan más que tu cara,
y la verdad no sabe callar.
Manipulabas con dulzura calculada,
con tus lágrimas bien ensayadas,
y el que dudara de tu pureza
era acusado de ver fantasmas.
(verso 7)
Fuiste verdugo de silencios,
baestra del “yo no fui”.
cada error lo hacías ajeno,
cada herida era solo por mí.
Te gustaba ser víctima en público
y tirana en la intimidad,
y aunque muchos te aplaudan,
io sé bien tu verdadera realidad.
(verso 8)
No escribo esto por despecho,
nos es revancha ni señal.
es el canto de un hombre honesto
que se hartó de fingir que está mal.
Yo no soy perfecto, ni lo pretendo,
pero lo mío era de verdad.
tu, en cambio, fingías ternura
como quien disfraza la maldad.
(coro)
Paula, tú y tu teatro de ángel herido,
no podrán más con mi alma rota.
Ya no hay llanto que limpie el olvido,
i guitarra que aguante tu nota.
sigue tú con tu espejo de humo,
jo me quedo en la dura verdad.
tú eliges la máscara, el mundo y la farsa,
jo me quedo con mi soledad.
(puente largo)
y te vas creyendo que ganaste,
te dejaste una huella imborrable,
pero la verdad siempre florece,
aunque nazca entre lo miserable.
un día, Paula, te verás al espejo
y tu reflejo ya no responderá.
erás que el disfraz se cayó solo
y no habrá nadie